La razón de ser de los estornudos

Está claro que el cuerpo es sabio y que cada acto consciente o inconsciente que realiza tiene un por qué. En este caso concreto la explicación es sencilla, el estornudo nace para expulsar aquellas partículas extrañas que se han alojado en la nariz. Estas partículas irritan la mucosa nasal y al igual que con la tos, se produce un acto reflejo, en este caso en las vías respiratorias nasales en vez de en las vías respiratorias inferiores.

Pero esto que sucede en cuestión de segundos, realiza todo un recorrido digno de explicar:

La partícula extraña irrita la mucosa nasal, esta irritación desencadena unos impulsos que cruzan un nervio craneal hacia el bulbo raquídeo donde se provoca el reflejo. A continuación la úvula (para entendernos, la parte alta del paladar) desciende, por lo que grandes cantidades de aire pasan a través de la nariz para ayudar a limpiar las vías aéreas nasales[1].

Como decíamos, son apenas segundos, pero todo funciona a la perfección y de manera coordinada para cumplir su misión: expulsar el cuerpo extraño. Además el hecho de cerrar los ojos al estornudar, también forma parte de este proceso para protegerlos del aumento de presión que se provoca con la salida del aire.

Por este motivo es recomendable no evitar el estornudo, ya que responde a una función fisiológica y además puede provocar un aumento de la presión en las vías aéreas que puede ser contraproducente.

*Curiosidad: ¿Por qué decimos ‘Jesús’ o ‘Salud’ cuando alguien estornuda?

En la Edad Media cuando la peste estaba muy extendida por toda Europa y segaba vidas por doquier, el estornudo era síntoma frecuente de la enfermedad, por lo que se consideraba que la persona estaba afectada por la plaga y que su muerte era inminente. Así, responder a alguien que acababa de estornudar con la expresión ‘Jesús’ o ‘salud’ significa que ese estornudo no sea un presagio de enfermedad y sí de salud [2].

 

 

[1] Guyton y Hall. Tratado de Fisiología Médica 12ª Ed. Elsevier 2011. ISBN: 9788480868198.

[2] Garcia Moreno JM. Historia del estornudo. Rev. Neurol. 2006; 42(5):317

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